Redenou.

Las torres de Barberà

Andando por las calles extremadamente tranquilas de la zona residencial de Barberà del Vallès, donde sólo suenan los perros que ladran al propio paso, descubrimos en una calle de difícil acceso, dos construcciones desubicadas, completamente fuera lugar o en un entorno donde no armonizan.
Dos casas unifamiliares de colores vivos y texturas combinadas de forma osada. Unos impresionantes voladizos prolongan el tejado de ambas casas creando unos porches acogedores, un voladizo delgado, que parece que lo puedas coger con la mano, libre de pilares y trabas. La imagen fascina, (talmente nos parece estar en Palm Springs de hace 50 años…) De nuevo, algo de esplendor llama la atención de aquellas construcciones en medio de una mayoría irrelevante. Y no es la antigüedad el que atrae, sino la excelencia y el atrevimiento que provocan cierto desconcierto. La suma de detalles y acabados desprenden la certeza de un proyecto premeditado, o de cierta sensibilidad capaz de acontecer armónicos elementos dispares, colores contrastados, texturas prominentes, materiales diversos… Con el que no contábamos en un primer momento de este descubrimiento, es que quién encontraríamos dentro, sus propios ideólogos y constructores aumentarían el interés por estas singulares muestras “de estilo internacional” de aquí. Autoconstruidas entre el 1960 y el 1962, y ampliadas a principios de los años setenta con los patios laterales con piscina y aposentos a la parte posterior, estas dos viviendas de aire sofisticado, han sido el hogar de sus constructores. Joan Tortosa y su cuñado (ya desaparecido) levantaron con sus respectivas mujeres las que serían sus hogares los días de fiesta de los fines de semana. Esta breve aproximación hecha con citas extraídas de las entrevistas hechas a Joan y Livoria Tortosa, e ilustradas con fotografías de época que nos facilitaron sus propietarios y otros hechos recientemente por *Marius Nuñez Marquez, nos sirve para comenzar el proyecto de des-anonimar ejemplos de arquitectura singular, creando catálogo de elementos de probable patrimonio.

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“Todos estos terrenos los urbanizó un personaje que se dedicaba a comprar viñas para urbanizarlas, y después se dedicaban a la venta de los pisos. Todos estos terrenos eran viñas, con cuatro casetas de labrador, pero no había ninguna casa con cara y ojos. Así que cada domingo venían a ver como iban las obras. Después fueron urbanizando el campo, hasta que ya no quedaron ni viñas, ni nada. De ser las primeras casas se fueron conociendo como “Las torres”. Cada domingo nos traían a gente porque vieran las primeras casas de la nueva urbanización, fuimos el reclamo que utilizaba el vendedor de los terrenos, que tenían que convertir campos de viñas en la zona residencial de Barberà del Vallès.”

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“Consultamos a un arquitecto de aquí el pueblo. Y nos sugirió de hacer lo normal, poner pilares, vigas para aguantar los voladizos… y todas estas cosas. Pero nosotros teníamos nuestra propia idea, queríamos que los voladizos estuvieran limpios, en contra, está claro, de su voluntad. Al final nosotros mismos hicimos todos los cálculos y realizamos los planos, el calculista lo encontró bien, y así empezamos nuestra tarea.“

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“Habíamos salido de la Escuela Industrial, y veníamos muy muy preparados. Teníamos veinte y pocos años, pajaritos a la cabeza… y acabados de casar. Durante aquellos años teníamos mucho trabajo. Al apar que construíamos nuestras propias casas, hacíamos los encargos de trabajo para otras constructoras, mayoritariamente en Barcelona, hasta que nos decidimos a empezar por nuestra cuenta a construir aquí a Barberà y con esta decisión empezó nuestra contribución a la formación de la parte nueva del pueblo.”

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“Nosotros hicimos estas casas para nosotros mismos, con toda la responsabilidad que comportaba una obra como esta. El arquitecto municipal, que tenía que aprobar la obra era grande, y no entendía la construcción ni veía la forma de hacerlo. El arquitecto municipal, hacía subir arriba del voladizo al aparejador por qué saltas al extremo, y comprobar que era sólido a pesar de tener elasticidad, y no podía comprender cómo era posible aquello. La trampa, está arriba. Hay unos tensores, que sujetan los volados sin que abajo se vea nada, consiguiendo además que el voladizo fuera lo más delgado posible.”

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“Hicimos el voladizo lo más delgado posible. Está claro, en aquellos años, no había puntales de hierro ni otras muchas cosas, la estructura era de madera… una vez íbamos sacando este apuntalamiento de madera, iban saliendo las cosas, y poco a poco se iba configurando el que es. La piedra la trajimos de Montjuic con un bloque, y le hacíamos cara una a una. Es aquello de la juventud…que quieres hacer cosas nuevas. Esto, hace cincuenta años atrás no era normal, teníamos que tener mucha ilusión para salir adelante un proyecto así. Pero cuando uno tiene la visión de hacer algo, encuentra el tiempo y la forma de hacerlo! Todo está ideado y hecho por nosotros, hemos picado cada piedra. Teníamos conciencia del trabajo que hacíamos, lo sentíamos. Es el momento el que tienes que vivir!, sino que vienes a buscar aquí?”

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“Yo creo que las líneas todavía se podrían considerar modernas. Mi cuñado y yo salíamos de la escuela i

ndustrial y teníamos muchas ganas de hacer cosas nuevas, y justamente esto es el que fuimos configurando. Básicamente el arquitecto el que nos hacía era los planos, bajo nuestra supervisión, y poco a poco fuimos construyendo las casas”

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“Las ballas las construimos con un encofrado, hormigón y piedra. Podríamos decir que fue un trabajo de experimentación con hormigón. Las ballas son de hormigón y piedra a base de complejos encofrados. En resumen, un trabajo de experimentación con el hormigón, en un momento de incipiente utilización de este sistema de trabajo aquí.”

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“Todo está construido con materiales de calidad, aprovechando restos de serie del almacén con los cuales trabajábamos para nuestras obras. Los tierras, por ejemplo son “Escofet”, pero de restos de partidas que adaptábamos en los espacios que queríamos pavimentar, y así lo fuimos completando todo. No había dinero para pedir o encargar que nos hicieran nada. La inspiración para la decoración surgió en parte, de revistas americanas que (la Señora Libòria), podía consultar a la oficina de la Cámara de comercio Americana donde trabajaba en Barcelona. Muchas de las aplicaciones se hicieron en base de interpretaciones asequibles a nuestras posibilidades, de elementos a veces lujosos que aparecían en aquellas publicaciones de moda”

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“Hemos nacido trabajadores, y somos trabajadores. Tuvimos la posibilidad de hacer dinero, pero no fue nuestra forma de trabajo. Nosotros no empezábamos una obra hasta que el anterior no estaba lista para entregar. Esta filosofía de trabajo, se convirtió en garantía para los compradores de nuestros pisos en un momento de muchas trampas y especulación inmobiliaria. Yo lo tengo que vivir así, en mí me gusta, vivir la obra, el despacho, el proceso entero… Esta ha sido mi vida.”